In five years time I might not know you

Diego.

Recordé el viaje de graduación de primaria. En el que viajamos al sureste de la República y pasabamos trayectos largos sentados en un camión que la directora no cansaba de describir como de “súper lujo”. Diego se sentaba adelante de mí. En uno de los viajes se volteó a molestar, de juego, y le respondí con un almohazado de camión; humillado regresó a su lugar. Después me dijo que le había roto sus lentes de sol (sí ya sé, ¿qué hacía con lentes de sol dentro del camión?). Se los terminé pagando aunque siempre sentí que nada más había hecho berrinche por lo del almohadazo.

También me acordé de cuando cambiabamos estampas de Pokémon. Diego las pasaba rapidísimo y yo le decía si la tenía o no y viceversa. Esas estampas todavía se pegaban con Pritt. En ese mismo año escolar, sexto, Diego me enseñó a tejer pulseras de plástico. Mi papá se había encargado del tejido cuadrado pero Diego me enseñó el circular. Era muy bueno, terminaba una en dos días máximo. Sus dos muñecas estaban cubiertas por pulseras de estas o de hilo de colores. Tenía el cabello ondulado y era alto y flaco. Sus labios eran un poco grandes y tenía pecas. Usaba tenis de gamuza azul marino.Tenía una hermana menor por sólo un año y nuestras mamás se llevaban bien. A mi amiga D le encantaba pero siempre decía que no, que sólo eran amigos, sólo le caía muy bien.

Después de la primaria sólo lo vi en una foto del anuario que mi hermano trajo a casa. Diego se quedó en la secundaria de nuestra escuela y yo no. Se veía casi igual, un poco más alto y delgado y con algo de bigote. Tenía el pelo más largo y el uniforme de la escuela le quedaba grande.

Hoy me pregunté qué estará haciendo y me di cuenta, algo tarde, de que mi cerebro estaba jugandome malas trastadas: Diego murió hace cuatro años y Paul Auster tiene la culpa de que lo haya recordado. Al leer sobre las memorias que tenía de su padre recordé memorias mías, de mi muerto que no debía morir aún. Y es que aunque ya no eramos nada más que recuerdos, la muerte de Diego me sigue sorprendiendo. Me llega de repente como un estornudo y me recuerda que yo sigo aquí, envejeciendo, y Diego sigue teniendo dieciocho años. De la nada pienso en que aquel chavo de allá que podría ser Diego nunca va a ser él, nunca más tendré confusiones de ese tipo, sólo la certeza de que no es él. No nos encontraremos en fiestas y cada vez tendremos menos amigos en común. Pienso también, a veces, que tiene la edad de mi hermano, incluso menos porque murió cerca de su cumpleaños (no sé bien si antes o después). De la nada recuerdo los tres o cuatro inútiles recuerdos que tengo de él y me parece que soy una exagerada. No tengo derecho a estar tan en shock si ya no eramos nada. De todos modos no puedo dejar esa idea de que antes él era el grande, por un mes, y ahora yo le llevo años. Además ahora ya no puedo preguntarme qué será de él como lo hago con mis demás compañeros de primaria. No tiene FB, ni fue a la universidad, ni apredió bien bien a manejar. Y me pone un poco triste pensar que su vida tiene impacto en la mia por su ausencia.

A veces así pasa. Esto pasó hoy, en un día de lluvia repentina. Mi cocina tiene bolsas de súper mojadas puestas a secar en los respaldos de las sillas como fantasmas de plástico esperando algo.

Una respuesta hacia “In five years time I might not know you”

  1. entiendo por qué nadie ha comentado, esta entrada es…
    yo te dejo un tango que curiosamente escuchaba mientras leía y siento que combina:

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