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Recuerdo mi colección de plumas y como se chorreó con el calor, después de eso ninguna volvió a escribir bien. Recuerdo los fines de semana cuando cocinaba con mi papá. Hacíamos huevos en pan tostado. Recuerdo que mi hermano nació y me regaló una carriola para mi muñeca. Recuerdo que la carriola venía con una mordedera envuelta en un papel que sólo se quitaba si lo mojabas en el fregadero. Recuerdo, más atrás, que el gas de la coca me saltaba en los ojos y por eso no me gustaba tomarla. Recuerdo un yo-yo de Batman que no sabía usar pero me parecía muy bonito. Recuerdo Barbies repetidas y un Winnie-the-Pooh de peluche. Recuerdo que me daban miedo los payasos. Recuerdo mi primer día de escuela y como un par de días después mis libros de inglés se mojaron de agua de piña y olieron raro el resto del año. Recuerdo mis clases de piano. Recuerdo que tener dieciséis años me parecía increíble. Recuerdo el primer libro que leí y como al final del año escolar, en una rifa, me lo gané. Recuerdo mis reportes de lectura adelantados y los primeros libros que leí en otro idioma. Recuerdo al tigre de Blake en la ventana de mi escuela.Recuerdo que Chiapas sonaba tal lejano como China. Recuerdo mi diario con las hojas de contorno dorado. Recuerdo que mi papá me pintaba las uñas a regañadientes. Recuerdo un cuaderno de taquigrafía que llené con historias de terror. Recuerdo mis sueños. Recuerdo a mi abuela sentada en su cama, el humo de cigarro azuloso rodeado su cabeza como un halo. Recuerdo que había agujas atoradas en sus cortinas. Recuerdo bibliotecas y tazos y amigos de la infancia. Recuerdo el primer departamento y la playera argentina de mi primo. Recuerdo las clases de catecismo y como a las maestras no les gustaba que dijera que la hostia no era dios en realidad, no como ellas lo decían. Recuerdo que me gustaban mucho las ferias, recuerdo los rehiletes, los juegos de canicas y los hotcakes con la lechera. Recuerdo todos mis primeros días de escuela, cada uno muerta de miedo y timidez. Recuerdo que justo a los dieciséis me daba miedo envejecer y olvidar todo. Recuerdo a mi madre contandome lo que recuerda de su infancia y diciendome que ella nunca se lo preguntó a su madre. Recuerdo a mi abuela contandome de su infancia, sin problemas, especialmente recuerdo que describía su ropa. Recuerdo la otra escuela y cuando aprendí lo que era un pastiche.
16 agosto 2010 a 11:09 am
¡Me encantan este tipo de escrito! Es como robarte pedacitos de vida, secretos cotidianos guardados en tus pensamientos. Tienes una cabeza llena de cosas preciosas y lo mejor es que cada día van formándose más maravillas. me dejas llena de olores y sensaciones de tu niñez (y de los vestidos de tu abuela) Te quiero.