Those cavalry drums
Abrieron una libreria de las grandes cerca de mi casa. Puedo caminar sin cansarme para llegar a ella y toda la cosa. El mero día que la abrieron por primera vez, antes incluso de la fiesta de inauguración con escritora célebre invitada, mi mamá y yo estabamos por ahí. Fue un día inusual en el que estaba despierta antes de las diez de la mañana (ejem, antes del medio día) y acompañé a mi madre a hacer mandados. Terminamos pues en la flamante librería y mi mamá me dijo, literal, que para buena suerte me invitaba un libro. Escogí “Amuleto” a manera de amuleto y también por G. que siempre tiene las mejores ideas.
Resulta que además de ser un amuleto real y enseñarme un montón de palabras mágicas, “Amuleto” se mezcló subrepticiamente con mi realidad. Eso suena grandilocuente pero es verdad, aunque, como digo, todo sucedió con más sutileza. Lo que pasó fue que en lo que leía la novela, descubrí frases, párrafos, sensaciones enteras que me hacían pensar que justo como dice Shirley Bassey, la historia se repite y justo como dice Bolaño, a los latinoamericanos se nos olvida. Estoy consciente de que las situaciones, las de la novela y las del presente, no son iguales, pero estoy convencida de que no es necesario que los sucesos se repitan tal cual para que el refrán de Bassey sea cierto; a veces la repetición consiste en el pésimo sabor de boca que nos dejan, en la tristeza, el encono y la impotencia que nos hacen sentir. Sobre todo, habita en el miedo, el miedo al presente y al futuro con sus otras inevitables repeticiones.
Sin embargo hay cosas que pueden salvarnos. Amuletos si quieren, actos que sirven para aflojar los límites de la historia: reflexiones, soluciones y creaciones inspiradoras si es que el presente no es inspirador en ese momento.
Manos a la obra supongo.
7 septiembre 2010 a 9:58 am
Ahora desde acá que no es ningún lugar, desaparecida y lista para partir por un mes… pero lo que cuentas me recuerda a las sensaciones que viví hace una semana. También estaba en la librería y derrepente sentí que mi vida había cambiado, que palabras como néctar sabían a muchas cosas, que el librero de mis entrañas se pintaba de amarillo, que tenía que dar a cambio algo de todo lo maravilloso que estaba experimentando…Y sí, el cambio de vida visto desde los detalles, en un mundo microscópico que empezó en los estantes de una librería de esas grandes. Así que salud por todos los “Amuletos” y por las chicas geniales que saben hacer uso de ellos.