I’ll read your books ’cause they’ll remind me of you
…and I’ll learn your notes so that I have a clue
Second-hand books
are wild books,
homeless books.
V. Woolf
Algunos de los últimos libros que he leído han sido libros viejos y ajenos que me encontré abandonados entre los demás libros de la casa sin dueño fijo. Cuando decidí leerlos supe, gracias a las delatadoras dedicatorias, que eran de mi madre. Me emocioné. Y no voy a mentir, a veces me sale lo cursi y me gustó la idea de leer algo que mi madre leyó cuando tenía mi edad, años más meses menos. Una especie de viaje en el tiempo a través de los libros que compartimos. Sin embargo, aparte de las dedicatorias (simplonas) no hay ningún tipo de glosa en ellos. Ni siquiera una frase subrayada. Si arrancara la página de la dedicatoria no habría prueba alguna de que el libro fue de mi madre, ni siquiera sus testimonios orales valdrían la pena pues tiene muy mala memoria… Los libros, entonces, fueron de mi madre en alguna vida pasada pero se han olvidado mutuamente: mi madre recuerda de que tratan con vaguedad y los libros a duras penas sienten haber sido leídos alguna vez. Resulta que en efecto treinta años no pasan en balde.
Alguien una vez me dijo que un libro no es tuyo hasta que anotas observaciones en él. Nunca me había dado cuenta de la importancia de “hacer tuyo un libro” hasta que abrí las novelas viejas de mi madre y las vi intactas.
Adopté esos libros por compasión, para darles un segundo aire. Les puse mi nombre y mi fecha de lectura para dar testimonio de su resucitación. Subrayé oraciones inspiradoras y frases chistosas, palabras que no conocía con su significado en el margen por si le hace falta al siguiente lector. Opiné sobre los comentarios de vida de los personajes y hasta puse algunos LOL’s. Me aseguré de conversar con las novelas aunque no siempre tuviera algo bueno que decir. Mi intención era no abandonar al libro, hacerlo sentir importante aunque “no esté vivo” y ya siendo egoísta, para dejar mi marca, para que si sobrevive otros treinta años el o la siguiente lectora sepa que fue un libro leído, que a alguien le pareció lo suficientemente interesante como para escogerlo y dejar cosas en él y que ese alguien fui yo, claro.
