A snapshot dreamy keepsake

Para N.E. que lo pidió.

Todos los viernes tomó un camión que pasa por la calle que una vez soñé. Antes de haber soñado que caminaba por ahí con una botella de plástico para llegar a un b&b y tejer muñecos de amigurumi en un cuarto con papel tapiz floreado, la calle era el fondo ordinario de un paseo semanal. De hecho, según yo, era una acera que ignoraba pero en mi sueño caminaba por esa calle, cosa que nunca he hecho en la vida real, y veía todas las casas y grietas a detalle. Ahora cada que paso por ahí recuerdo como se veía en el sueño.

Tengo muchos lugares así, espacios que han servido como escenario para algún sueño y que en la vigilia ya no puedo dejar de ver como un recuerdo real. Aunque en mi sueño todo esté alterado, más grande, oscuro o polvoso, los lugares de la realidad siguen siendo identificables, y al despertar siento que no hubiera despertado del todo o más bien duermo sin apartarme completamente de la consciencia (chan chan chan.). En mi casa hay sitios así, en la frontera de uno u otro lado. El comedor es el más reciente.

Me tardé en reconocerlo pero el comedor estaba allí. Mi esposo y yo eramos exploradores de principios del siglo pasado, yo traía sombrero y vestido con corsé. La fotografía era sepia. El comedor no era un comedor, era la mesa de los mapas del estudio de algún geografo y colega aventurero a quien habíamos ido a visitar. Revisabamos mapas porque la zona que habíamos ido a ver, justo el país en el que estabamos, iba a inundarse muy pronto y teníamos que huir. Bueno no huir, existía la posibilidad de cambiar la dirección de nuestra aventura: Ese país sólo se inundaba cada determinado tiempo, digamos cada cien años, entonces las montañas de las sierras se convertían en islas y la fauna llenaba esos espacios y los volvía tropicales mientras que en el mar aparecían nuevas especies marinas que sólo podían verse durante el tiempo de la inundación. Mientras nuestro amigo geografo nos explicaba este fenómeno, el mapa se inundaba con un mar de tinta que sólo permitía ver las puntas de las montañas dibujadas, además aparecían en el agua pintada pequeños esquemas de dragones y serpientes marinos. Mi esposo me preguntó si quería continuar con el viaje y conocer el país inundado. Acepté y por lo tanto tuvimos que apurarnos a empacar nuestras pertenencias y las de nuestro amigo en baúles y maletas y demás embalajes. Corríamos de aquí para allá metiendo objetos en cajas y cajones, doblando sábanas y manteles que debían de ir en el barco de vapor que pronto sería nuestra casa por los siguientes meses. El tiempo nos oprimía puesto que el mar empezaba ya a comerse la tierra del país.

Entre las cosas que me tocaron empacar había unas muñecas del tamaño de dos puños apilados, eran gemelas con cabello largo y rubio,cada una tenía su propio cello miniatura. Estas muñecas debían estar siempre juntas y ser empacadas con cuidado ya que eran los avatares de los espíritus de unas mellizas muertas quienes, si se sentían separadas o incómodas, venían a atormentar a aquel que las había perturbado. Yo no quería que me rondaran unos fantasmas entonces sentía el doble de presión, el agua inminente por un lado y por otro la maldición gemelar. Intenté envolver a las muñecasen unos trapos pero los cellos se desafinaban o se les doblaban las manos o el pelo se arrugaba, estaba al borde de las lágrimas sin poder acomodar algo más en lo que se me ocurría como guardar a las muñecas. No podía dejar de imaginarme a las gemelas anunciando su llegada con música de cámara y luego apareciéndose en la noche sin tocar el piso y con las cabelleras flotantes manteniendolas unidas.

Al final encontré o me dieron una caja con una tapa de cristal en la que las muñecas podían estar de pie juntas, cello en mano, sin ningún estorbo.

A veces bajó a trabajar en el comedor para alejarme del ruido de la guitarra de J o las llamadas telefónicas de M. No puedo evitar ver algo de sepia en la vitrina y a la mesa ligeramente diagonal matizada con el polvo de las cosas viejas y abandonadas.

Brunette but creepy nonetheless


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Una respuesta hacia “A snapshot dreamy keepsake”

  1. Yo tengo sueños todo el tiempo. A veces recuerdo tantos que en las noches me inquieto y estoy en un estado casi de sonambulismo. Pero muchas otras veces, el sueño parece tan real que siento nostalgia cuando despierto y sólo quiero volver a ese lugar onírico donde parece que hubiera vivido toda mi vida. Tu sueño, aunque angustiante, suena como una aventura que a todos nos gustaría vivir.

    P.S. me gustas.

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