Oh we need to get away (yeah we want to get away)
Lo repito: el mundo da muchas vueltas y cada que se detiene hace obvias sus coincidencias.
La tía R era huérfana. Su padre, tan pronto pudo, se volvió a casar con una mujer detestable. Como R no quería casarse y tampoco quería compartir techo con la nueva esposa de su padre, hizo lo que pudo para salirse de casa: se metió a un convento. Su novio le rogó que no lo hiciera, que se casaran, que él no tenía la culpa. Ella se rehusó. “Lo siento, mi vida. Tengo que irme”.
Esto ocurrió poco antes de la Revolución entonces cuando al fin estalló la guerra, las monjas del convento de mi tía le hicieron de enfermeras.
Un día hubo un ataque en el cual muchas personas resultaron heridas. A R le tocó atender a un muchacho que la verdad estaba más pa’llá que pa’cá. A pesar de la sangre, las bendas y el hábito se reconocieron: R estaba atendiendo al novio que dejó tiempo atrás. “Yo siempre te quise mucho R.” “Y yo a ti, pero quería irme más de lo que quería estar contigo.” (Estoy inventando parte de la conversación, claro, pero no dudo que haya sido algo en ese tenor pues las mujeres de mi casa tienen fama de hablar con todas las letras). Platicaron muy poco después de ese primer diálogo de identificación pues el ex-novio de R estaba muy herido. En algún momento se abrazaron y sólo se soltaron porque él ya no tenía fuerzas para continuar entrelazado; así, el muchacho murió en los brazos de R.